Enseñar ajedrez a niños en la India: la palabra humanidad cobra todo su sentido


En una buena acción están todas las religiones.

–Vicente Ferrer

Uno de los corazones de la tierra puede ser la populosa ciudad de Bombay. Más de 20.000.000 de almas (incluyendo el área metropolitana), se debaten a diario entre la esperanza y una abrumadora y lacerante realidad. El gobierno indio y su pujante economía, con crecimientos sostenidos del 5% anual, es incapaz de detener la marea humana que de forma continuada se viene instalando cada día, cada mes, cada año, en esta bulliciosa ciudad y sus inmediaciones.

La India es la patria del color. Toda la vida cotidiana está invadida por una paleta de colores de una audacia y atrevimiento sin límites. La vida está impregnada de una alegría tranquila y de una aceptación serena, un peculiar Panta rei prefigura una aceptación serena del devenir. Se vive lo que ocurre sin más.

La desolación que produce un mundo desigual en su acepción más cruda se ve multiplicada en este reflejo de manifiestas ausencias. Si el enorme panteón de dioses que alberga India se pusiera manos a la obra e hiciera algunas horas extraordinarias, quizás se podría reducir sustancialmente la lacerante pobreza que asola este país. Pero están un poco alejados de su creación humana, quizás porque el fondo de armario cósmico los tiene bastante distraídos. Por otro lado el gobierno no da abasto a tanta necesidad y aunque los desarrollos sociales, la obra civil y las inversiones en el sector tecnológico son palpables, todavía el país va con el freno de mano puesto. Pero a veces las negligencias de los dioses son compensadas por el coraje de algunos humanos que redimen la apatía e indolencia de estos con iniciativas incontestables.

En India, cuando el Dios de la lluvia llora sobre la tierra, se transforma en monzón. El monzón sublima y fertiliza muchas de sus áridas tierras para transformarlas  en el vergel que alimentará a sus millones de hijos, ya sean estos los desamparados o los privilegiados. India tiene clases de hijos y en Mumbay viven más de la mitad de ellos en condiciones infrahumanas. Casas nicho, homeless por doquier, gente de mirada ausente y algunos coches alemanes para acentuar las contradicciones de un sistema que no acaba de despegar.

Un viaje hacia la esperanza

Vamos en dirección a la Fundación Vicente Ferrer en Anantapur, donde hace más de cuarenta años, un adelantado, junto con un equipo de comprometidos soñadores, alumbraría uno de los proyectos más osados para combatir la pobreza.

Antes de que ocurra esta maravillosa apuesta, partiendo con dos horas de retraso desde el aeropuerto de Madrid, la compañía turca en la que viajamos nos obsequiará con una desagradable nueva sorpresa. Por segunda vez extravía una enorme remesa de ajedreces sin dar explicación ninguna. Anteriormente nos perdieron varios equipamientos y relojes de torneo que iban a Etiopía a la escuela de ajedrez que inauguramos hace cuatro años en la misión orfanato de Wkro-Tigray dirigida por el increíble e ilustre misionero Padre Ángel Olaran.

Pero vamos hacia Bangaloru, mil kilómetros hacia el interior en interminables jornadas de tren. En los trenes indios o entras en estado de shock o en trance o la mugre te convierte en antimateria.

En este asalto de Ajedrez sin Fronteras en Asia, el ilustre abogado y apasionado ajedrecista, Aurelio Aranda, miembro de la familia de Chess Without Frontiers (Ajedrez sin Fronteras), nos acompaña para inaugurar en la reconocida Fundación Vicente Ferrer, a doscientos cincuenta kilómetros de Bangaloru, la nueva escuela que AsF ha diseñado para los más de trescientos niños invidentes y discapacitados auditivos que están bajo la tutela de esta prestigiosa institución donde las haya. Niños y niñas excelentemente atendidos, pulcramente vestidos y con una higiene y educación formal incuestionable, nos reciben en medio de una algarabía descomunal. Su tierna inocencia y profunda mirada es conmovedora. A ellos nos dirigimos para desarrollar nuestro proyecto.

Cuando la humanidad cobra sentido

La Fundacion Vicente Ferrer es el resultado de una acción sostenida de un comprometido equipo donde la palabra humanidad cobra todo su sentido. Si la palabra milagro pudiera disociarse de la ubicua y caprichosa acción divina, sus embajadores naturales serían el formidable dream team que ha dado vida a este vasto proyecto que asombra a propios y extraños, y que nació en el corazón de un hombre enjuto y voluntarioso que hoy descansa en la solemne y apacible serenidad de un túmulo rodeado de niños, tamarindos, neem (árbol sagrado para el hinduismo), y campanas tibetanas mecidas por el viento que solo acaricia a los justos. La presencia de Vicente Ferrer y su inextinguible energía son palpables en la vasta pradera esmeradamente cuidada donde una incesante procesión de visitantes de todas las latitudes rinden homenaje a un Padre universal.

Altamente recomendable una visita a este lugar patrimonio de la humanidad donde la paz habita por derecho propio, la obra de Vicente Ferrer. Una mágica gota de humanidad en el vasto océano de la indiferencia.

Llegados a las instalaciones de la Fundacion Vicente Ferrer en Anantapur, la diligente, gentil y bella Shoma Nandini solo nos da facilidades para instalarnos y resolver cualquier contingencia. Todo son brazos abiertos en este microcosmos de eficacia y organización.

La Fundacion Vicente Ferrer es el resultado de una acción combinada de diferentes instituciones del estado español, aportaciones de comunidades autónomas, dádivas de particulares, apadrinamiento de niños y una eficaz autogestión de recursos propios. De toda España llegan ayudas y voluntarios de forma incesante. Un proyecto extraordinario y en mi opinión, de obligada visita.

La lotería inversa

Tenemos que dar las clases de ajedrez en diferentes centros, incluso desplazándonos diariamente a más de ciento cincuenta kilómetros de distancia de Anantapur. Para rematar la extraordinaria acogida que la Fundación Vicente Ferrer nos brinda, todos y cada uno de los días de nuestra estancia ponen a nuestra disposición una intérprete de telugu (el idioma local), que nos acompaña a todos los desplazamientos. No tenemos suficientes palabras de agradecimiento.

Hay días en que nos asalta el desconcierto. Nos preguntamos por qué tenemos la suerte de ser europeos y vivir en Occidente mientras aquí la lotería es inversa. El caprichoso destino nos ha dado fortuna y adversidades mientras en otras latitudes la noche de la vida es demasiado larga. Tras casi dos semanas de intenso ajetreo y sesiones maratonianas, más de tres centenares de niños con serias limitaciones consiguen superar el comprimido curso de aproximación al arte-ciencia del ajedrez. El ajedrez, magia y felicidad a la vez, acoge a más seguidores en su seno. Chess Without Frontiers (ASF) deja una nueva huella en su largo camino por llevar esta disciplina a los lugares más maltratados del planeta.

Macro cárceles y orfanatos en Etiopia, campamentos de refugiados en Argelia y Jordania, orfanatos en India, talleres de ajedrez para los monjes en Athos, y próximamente los CETI de Melilla y Ceuta y la cárcel de mujeres de Yeserías (Madrid) han sido y serán nuestras apuestas para llevar este antiguo mensaje que el ancestral conocimiento humano nos ha legado.

Gracias al pueblo de India que tanto nos ha dado y tanto nos ha enseñado a través de aquella ancestral Chaturanga, que hoy sigue fascinando a todo el mundo mutada en el mágico juego del ajedrez.

Solo podemos concluir que tras un largo viaje desde España, hemos pasado una de las páginas más comprometidas de nuestra larga y dilatada apuesta. La undécima escuela de Ajedrez sin Fronteras ya es un hecho.

Ajedrez sin Fronteras, suma y sigue.